Mi experiencia con un gigoló
Relatos

Mi experiencia con un gigoló (relato erótico)

La prostitución no me es ajena, pero la conozco del lado de quien da el servicio, no de quien lo consume. Ustedes me entienden, ¿no? Y si no, lean la historia de cuando fui prostituta por un día. Sin embargo, no sé cómo es pagar por sexo, simplemente por que nunca tuve necesidad de hacerlo. O sea… ¿por qué lo haría? ¿Por qué pagaría por algo que puedo tener gratis, o por lo que incluso puedo cobrar?

Escucha “Mi experiencia con un gigoló – Episodio 26” en Spreaker.
Quería tener una relación de poder sobre alguien para que hiciera todo exactamente a mi gusto. Sí, básicamente, quería tener a un prostituto a mi servicio.
Quería tener una relación de poder sobre alguien para que hiciera todo exactamente a mi gusto. Sí, básicamente, quería tener a un prostituto a mi servicio.

Como ya me pasó un par de veces, las aventuras sexuales de mi amiga Carla vienen a responder a mis interrogantes. Ella vivió la experiencia de pagar por sexo. ¿Por qué lo hizo? No por necesidad, claramente. Ella puede tener sexo con quien quiera sin tener que pagar. No, ella lo hizo por darse un gusto. Por cumplir una fantasía. Y esa fantasía fue tener sexo con un hombre con quien tuviera una relación de poder. Alguien que estuviera obligado a obedecer sus órdenes, pero sin ser un sumiso.

Es una fantasía interesante, ¿no? Bueno, quizás no para los hombres. Para ellos, contratar a una prostituta es algo totalmente común. Ni siquiera es algo que quieran alardear con sus amigos. Pero para mí, y supongo que para cualquier mujer, debe ser bastante excitante tener un prostituto que haga todo lo que le diga, simplemente por que está obligado, por que le estoy pagando.

Pero en fin, mejor la dejo a Carla que cuente la anécdota tal como ella la vivió.

La experiencia de Carla con su prostituto

Me encanta esto de contar mis aventuras sexuales en el podcast de Fátima. Me resulta divertido, aparte estoy empezando a tener una hinchada que me pide más anécdotas y más erotismo. Yo, encantada. También me piden que cuente mis fantasías. Pero el tema es que yo no tengo fantasías. O mejor dicho, no me gusta fantasear con cosas imposibles, como quizás hacen otras mujeres, que sueñan con garcharse a algún actor de Hollywood… En todo caso, yo fantaseo con cosas que sí puedo hacer, y que de hecho termino haciéndolas. Como lo que conté la vez pasada, del baño del avión. O sea, se darán cuenta de que, cuando quiero algo, no me quedo con las ganas. Y lo que estoy por contar ahora es algo que tenía ganas de hacer y, obviamente… me di el gusto.

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Empresaria y narradora de anécdotas propias de alto contenido erótico.