Gusto por el sadismo
Relatos

50 sombras de Braun (lidiando con mis impulsos sádicos)

Esta es la historia de cómo di rienda suelta a mis tendencias sádicas, al encontrarme con un masoquista dispuesto a recibir mis castigos.

Si vienen escuchando regularmente mi programa, se acordarán cuando les conté de una noche que salí con un pibe y, después de coger, me agarró como una especie de furia y lo cagué a cachetazos.

También pueden escuchar este episodio mientras lo van leyendo:

Escucha “50 sombras de Braun (lidiando con mis impulsos sádicos) – Episodio 32” en Spreaker.

Después de esa noche, fui a terapia y mi psicóloga me dijo que de alguna manera tenía que canalizar mi furia reprimida. Me explicó que mucha gente lo hace practicando deportes. Pero como el deporte no es lo mío, le pregunté qué otras opciones tenía. Y me dijo que el “sadismo controlado” también era una opción. Al principio pensé que lo decía en joda, pero no, era muy en serio.

Un roto para un descosido

En esa época yo todavía era vecina de Antonella, quien, por si no se acuerdan, trabajaba de prostituta. Le conté a Anto sobre la sugerencia de mi psicóloga, eso del sadismo controlado, y me dijo que, casualmente, ella tenía un cliente masoquista, que le gustaba que le peguen, lo humillen, y todo eso. Y Anto, por su impedimento visual, no tenía forma de darle el gusto. Entonces me sugirió hacerlo yo. O sea, atender yo a su cliente dándole el servicio que quería. Es decir: pegándole, insultándolo, maltratándolo, humillándolo… era una locura, pero a la vez era perfecto. Para mí, iba a ser terapéutico, y con mi ayuda, Anto iba a poder darle a su cliente un servicio que ella no le podía dar por sí sola.

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Fotógrafa, escritora, podcaster, madre, ingenua, soñadora, idealista...