Fantaseando en el balcón bajo la lluvia
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Sexo en el balcón con un hombre imaginario

Como buena introvertida que soy, siempre supe disfrutar de estar sola. De chica tenía amigos imaginarios. Ahora de grande, tengo hombres imaginarios que me hacen el amor cada vez que lo deseo. Como una vez que estaba desnuda en el balcón de mi departamento, mojándome con la lluvia.

Ya les conté en un episodio anterior cómo me pongo con las lluvias de verano. Les conté que cuando hace calor y llueve, fantaseo con arrancarme la ropa y ofrecerle mi cuerpo a la lluvia, para dejarla que lo recorra, que se meta en cada rincón, me dé un poco de frío y me erice la piel. Bueno, yo tenía la costumbre de hacer eso, en el balcón del departamento donde vivía hace unos años.

Escucha “Sexo en el balcón con un hombre imaginario – Episodio 6” en Spreaker.

Un día, poco después de mudarme a ese departamento, hacía un calor tremendo y yo no tenía aire acondicionado. Anunciaban lluvias, y aunque desde mi balcón no podía ver el cielo, supuse que el pronóstico había acertado porque estaba oscureciendo, a pesar de que eran las 2 de la tarde. Salí en short y musculosa y me tiré en la reposera a esperar a que lloviera o, aunque sea, a que empezara a soplar un poco de viento.

Lo imaginé levantándose, para arrodillarse frente a mí, al pie de la reposera. Lo imaginé abriendo mis piernas y mirándome con una sonrisa, mientras con el dorso de su mano acariciaba la cara interna de mis muslos.
Lo imaginé levantándose, para arrodillarse frente a mí, al pie de la reposera. Lo imaginé abriendo mis piernas y mirándome con una sonrisa, mientras con el dorso de su mano acariciaba la cara interna de mis muslos.

De pronto se oscureció más y se levantó viento, aunque seguía haciendo calor.

Empezaron a caer algunas gotas, pero la verdad que no servían de mucho. Me puse a protestar en voz alta, despotricando contra el pronóstico del clima como una vieja mirando el noticiero. Y pareció que mis protestas dieron resultado, porque enseguida empezó a llover más fuerte.

Aún así el agua no me llegaba, hasta que cambió el viento y la lluvia empezó a entrar en el balcón y a empaparme. Me dio un poco de frío, pero era justo lo que quería, así que ni me moví de la reposera. La remera empapada se me pegaba al cuerpo y empezaba a molestarme, así que me la saqué. No me importaba que alguien pudiera verme desde otro departamento.

Observé cómo las gotas recorrían mi pecho, se juntaban en mis pezones y goteaban hacia abajo. Entre mis tetas se formaba un arroyito que terminaba inundando mi ombligo. Cuando desbordaba, el agua seguía bajando hasta confluir en mi entrepierna, junto con otros cursos de agua que bajaban por mi panza.

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Fotógrafa, escritora, podcaster, madre, ingenua, soñadora, idealista...