Convivencia versus pasión
Iniciar una relación de convivencia es un paso importante para toda pareja; un paso que conlleva el riesgo de matar el deseo. En este artículo te cuento algunos secretos para que la decisión de convivir los lleve a ambos a potenciar y a redescubrir esa hermosa pasión que los une, en lugar de destruirla.
No quiero alarmarte, pero si vos y tu pareja decidieron comenzar a convivir, la pasión que hasta ahora comparten corre un grave riesgo de debilitarse, o quizás incluso de desaparecer. Seguramente, ambos se dicen a sí mismos “eso a nosotros no nos va a pasar”. Y ojalá así sea. Pero para estar seguros, mejor lean toda la data sobre convivencia versus pasión que les comparto a continuación para evitar que la convivencia mate la pasión.
Hay muchos aspectos de la convivencia que pueden generar roces y conflictos en una pareja. Cosas como definir espacios comunes y espacios privados, o qué obligaciones le corresponden a cada uno. Pero no es la intención de este artículo profundizar en esos temas (hay libros enteros que los analizan en profundidad). La idea aquí es más bien es enfocarnos específicamente en cómo la pasión puede verse afectada por la convivencia.
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Los peligros del día a día
Se van a ver las caras cuando vayan a dormir. Se las volverán a ver cuando despierten. Y se verán de nuevo al volver a casa, luego de sus respectivas ocupaciones. “¡Genial! Cuanto más tiempo pasemos juntos, más pasión y más sexo habrá entre nosotros.” ¿Están seguros?
Antes de la convivencia, el solo hecho de estar cerca los llevaba inevitablemente a abrazarse, a besarse y, eventualmente, a hacer el amor. Pero al vivir bajo el mismo techo, deben estar juntos para cosas mucho menos excitantes. Deberán decidir cómo se repartirán tareas tan aburridas como pagar las cuentas, lavar los platos, limpiar la casa, hacer las compras… y no sigo para no deprimirnos (ustedes y yo).
Lo más peligroso de la convivencia es que no mata a la pasión de un solo golpe. No. Si se lo permiten, la destruye lentamente, casi sin que se note. La va debilitando de a poco. Va quedando sepultada bajo el montón siempre creciente de quehaceres y obligaciones de la convivencia. Hasta que un día ya ni se acuerdan cuándo fue la última vez que tuvieron sexo, o incluso que se besaron apasionadamente.
Analicemos los porqué
Estamos de acuerdo en que ambos siguen sintiendo deseos el uno por el otro. Quizás estén adormecidos, pero los deseos están. Se aman y son compatibles en todos los aspectos de la relación. Peeero…
- La novedad se agota. El cerebro se enamora de lo desconocido. Al vivir juntos, desaparece el misterio. Ya saben cómo se ducha cada uno, cómo se visten, cómo huelen a las 7 de la mañana y cómo se comportan cuando están estresados. Sorprender a tu pareja cambiándose de ropa ya no te acelera el corazón como solía hacerlo.
- El rol de roomies (convivientes) compite con el de amantes. Empiezan a verse más como “el que tiene que sacar la basura” o “el que deja las medias arriba de la mesa del comedor” que como “el que me hace hormiguear las áreas genitales”. El cerebro no es muy bueno manteniendo las dos imágenes al mismo tiempo si no lo entrenamos.
- La rutina sexual se vuelve mecánica. Siempre el mismo horario, la misma habitación, la misma posición, el mismo “¿estás con ganas?” susurrado a las 23:40 cuando los dos ya están a medio dormirse. El deseo depende del clima erótico del hogar. Y si no se toman los debidos recaudos, el clima del hogar puede volverse tan erótico como el de una ferretería un sábado por la mañana (dejando de lado los fetiches).
- Se pierde el espacio del deseo individual. Cuando estás siempre disponible, siempre “a mano”, el sexo se transforma en una obligación o un deber. Y el deber es enemigo de la lujuria. Es importante aprender a negociar los espacios individuales en la pareja cuando ésta se embarca en una relación de convivencia.
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La búsqueda de soluciones
Piensen en el deseo mutuo como algo frágil y valioso. Algo que guardarían en una vitrina para que nada le haga daño, pero también para tenerlo siempre a la vista, poder admirarlo y sacarlo de vez en cuando para usarlo con cuidado.
La clave no está en tener más sexo. Si la frecuencia de veces por semana (o por mes) baja demasiado, la solución no es aumentarla forzadamente. A continuación comparto una serie de tips para resguardar el deseo y mejorar el clima pasional en el día a día:
- Separar los roles con claridad. La que comparte la cama y se pone lencería seductora no es la misma persona que se sienta a revisar los gastos o a discutir el presupuesto mensual (de nuevo, dejando de lado los fetiches). Algunas parejas tienen una regla simple: a partir de cierta hora, o en ciertos espacios de la casa, no se habla de temas domésticos. Se habla de otra cosa. O no se habla. Se mira. Se toca. Se provoca.
- Sean un poco más impredecibles. Se trata de recuperar el misterio, generar incertidumbre en pequeñas dosis. Por ejemplo, cambiar de perfume o mandar un mensaje a las 11 de la mañana diciendo “Esta noche te espera una sorpresa” acompañado por alguna imagen o emoji (copas brindando, fueguito, durazno, berenjena) que agregue información sin arruinar la sorpresa.
- Generar distancias a propósito. Pónganse de acuerdo para dormir en camas o dormitorios separados en fechas establecidas (ejemplo: primer sábado del mes). Esa noche, despídanse antes de ir a dormir como si alguno se fuera de viaje. No estaría mal que, en la quietud de la noche, alguno quiera invadir el sueño del otro.
- Cuidar los espacios privados. El deseo necesita aire. Si están siempre juntos, el cuerpo se acostumbra a la presencia constante del otro y deja de anhelarla. Salgan solos, cada uno por su lado. Hagan cosas que los hagan sentirse deseables para sí mismos, no sólo para el otro.
- Crear rituales para condimentar la cotidianeidad. Ejemplo: cuando uno de los dos está lavando los platos y el otro pasa por detrás, está obligado a abrazarlo y darle un beso en la nuca. También pueden establecer ciertos “castigos eróticos” para cuando alguno no cumple ciertas reglas. Ejemplo: ¿vació el rollo de papel higiénico y no lo reemplazó? La multa es un baile sexy en ropa interior.
Los juegos de poder
Las novelas eróticas nos han enseñado que la pasión no se desarrolla bien en ambientes de perfecta armonía, de igualdad total y constante. Le gusta que haya algo de conflicto; aunque sea, un poco de tensión o desafío. Puede ser algo tan simple como:
- Decidir quién da las ordenes en la cama y que el otro se entregue de verdad (no hace falta que sea siempre; puede ser por una noche).
- Usar áreas de la casa como territorios conquistados con fines determinados. “Esta tarde, el comedor es mío y sólo podrás entrar si yo te autorizo”, porque invitaste a tu grupo de amistades para planear un cumpleaños o para jugar a las cartas.
- Introducir pequeños rituales de dominación o sumisión doméstica que después se trasladan a la cama. Cuidado: que todo sea consensuado, por favor.
Esas pequeñas tramas, intrigas o juegos de poder desatan pasiones que muchas veces se resuelven con actos de amor físico. Pero cuidado: también pueden hacer surgir conflictos que ni siquiera sabían que existían.
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Meter al deseo en la conversación
La pasión y el deseo se construyen en base a ansias y excitación. Las acciones concretas satisfacen esas ansias, quedando como sensaciones y recuerdos que alimentan ansias futuras. La forma más simple y efectiva de generar esas ansias es hablando.
- Creen espacios y momentos para hablar de deseo y fantasías. Es conveniente tener esas charlas en ambientes privados pero sin posibilidades de que la charla derive en sexo en forma inmediata. Que sea sólo charla. Pero, si la charla se vuelve excitante, que no estén demasiado alejados de un lugar donde transformar esa excitación en acciones.
- Compartan sus sueños eróticos. Sí, esos que los hicieron despertarse bañados en sudor y con las áreas genitales listas para la acción. Cuidado: a veces, el subconsciente aprovecha esos sueños para sacar a la luz cosas secretas y turbias. Compartir y comunicarse es bueno, pero ciertas cosas es mejor hablarlas únicamente con un profesional de la psicología.
- Hablen de su intimidad sexual como quien habla de dinero o de los planes para las vacaciones. Durante el desayuno posterior a una noche de sexo, hablen de lo que hicieron, de lo que les gustó mucho y de lo que es mejorable. Háganlo con la misma soltura con la que comentarían una película al salir del cine,
Estas son algunas preguntas válidas para deslizar en una conversación y volverla pasional:
- ¿Qué cosa de lo que hacemos en casa te excita más?
- ¿Hay algo que dejamos de hacer desde que vivimos juntos que te gustaría recuperar?
- ¿Qué cosas te dan ganas de saltarme encima en medio de un martes cualquiera?
El hogar apasionado
La decisión de convivir es el puntapié inicial para formar un hogar. En el sentido práctico, es compartir un techo y unas paredes, pero en un sentido mas amplio, es formar un hogar, con todo lo que ello conlleva. No importa que (por ahora) sean sólo una pareja; están formando un hogar. Y el hogar es una receta con muchos ingredientes, y uno que nunca debe faltar es la pasión. Así como vigilan que no se queden sin papel higiénico o sin café, o que no les quede sin pagar la boleta de la luz, deben vigilar que nunca se agote la pasión.
Espero que los consejos volcados en este artículo – tomados principalmente de mi propia experiencia como miembro de una pareja conviviente – les resulten útiles para mantener a la pasión viva durante muchos, muchos años a partir del momento en que decidan compartir un mismo techo.
Déjenme sus comentarios debajo y, si tienen secretos para que la convivencia y la pasión no sean mutuamente excluyentes, por favor compártanlos también, para que entre todos hagamos que haya más relaciones de convivencia apasionada.
Preguntas frecuentes sobre convivencia versus pasión
¿Por qué baja el deseo sexual cuando empezamos a vivir juntos?
Hay varias razones: se agota la novedad, el rol de “compañero/a de casa” compite con el de amante, la rutina sexual se vuelve mecánica y se pierde el espacio individual. El deseo necesita un poco de distancia y misterio para mantenerse vivo. Cuando todo es predecible y siempre disponible, el cuerpo deja de anhelar.
¿Cómo se puede evitar que la convivencia mate la pasión?
Separando roles (el de roomies del de amantes), recuperando el misterio a propósito, creando rituales de juego previo, protegiendo el espacio individual y hablando del deseo como se habla de cualquier otro tema importante. No se trata de tener más sexo, sino de cuidar el clima que hace que el sexo vuelva a ser especial y anhelado.
¿Es posible que la convivencia mejore la pasión en vez de apagarla?
Sí. Cuando hay seguridad emocional profunda y, al mismo tiempo, se protege el misterio y la tensión erótica, la convivencia puede potenciar el deseo. La intimidad real permite explorar fantasías, juegos de poder sutiles y una conexión más profunda que el sexo de las primeras etapas. La clave está en decidir cuidarlo en vez de dejarlo a la deriva.
¿Qué tips prácticos funcionan para mantener la pasión viva en el día a día?
Algunos que realmente funcionan: cambiar el perfume o la ropa de vez en cuando, mandar mensajes provocadores a la mitad del día, crear una hora semanal sin celulares solo para hablar de lo que les calienta, dormir separados alguna noche a propósito y usar pequeños rituales de dominación o sumisión doméstica que después se trasladan a la cama. La idea es generar pequeñas dosis de sorpresa y de “no sé qué va a pasar”.
¿Cómo hablar de la falta de pasión con la pareja sin que suene a reclamo?
Alejen el tema del terreno de la culpa. En vez de decir “ya no me deseas”, pregunta cosas como: “¿Qué cosa de lo que hacemos en casa te calienta más?”, “¿Hay algo que dejamos de hacer desde que vivimos juntos que te gustaría recuperar?” o “¿Qué te haría sentir ganas de saltarme encima un martes cualquiera?”. Hablar del deseo como algo que se construye entre las dos personas baja la defensividad y abre la puerta a soluciones reales.


