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Las infinitas variantes de la luz natural en el desnudo artístico

¿Luz de estudio o luz natural? La luz de estudio es sumisa. Se la puede controlar, se la puede medir, se la puede regular fácilmente. Se la puede adecuar para que satisfaga nuestros caprichos y que esté disponible cuando nosotros lo estamos. La luz natural, en cambio, es todo lo contrario: es una diva que se entrega por plazos breves; a veces muy fuerte, a veces muy débil. Pero qué hermosa es, y cómo me gusta trabajar con ella.

Si alguien me dijera que tengo que deshacerme de todos mis artefactos de iluminación excepto uno, el que yo quiera, me quedaría solamente con una sábana blanca. Y la usaría para suavizar la luz del sol, en esos días en que no hay nubes que me la entreguen ya suavizada.

No voy a decir que todos los demás artefactos de iluminación son inútiles, pero cuando se trata de iluminar un cuerpo desnudo para fotografiarlo, el sol es la única fuente de luz que no cambiaría por nada.

Una luz que respira

La luz del sol tiene vida, cosa que no se puede decir de la luz de un flash o de la de un reflector. Y esa cualidad es justamente la que hace que sea tan difícil de manipular.

La luz del sol es caprichosa: a cada minuto puede cambiar de color, de intensidad y de dirección. Es por eso que la fotografía con modelo vivo y con luz natural resulta ser un desafío tan grande. Pero la recompensa es aún mayor.

Luz de ventana, ese softbox celestial

Empecemos por lo fácil: la luz de ventana. Cualquier ventana al exterior es una fuente de luz natural que, dependiendo de su tamaño y orientación, puede ser dura y drástica o suave y envolvente.

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Fotografía de desnudo artístico blanco y negro en interiores. Luz natural de ventana, luz suave.
La luz de ventana puede usarse como un softbox gigante que suaviza todo a su paso.

Si buscamos una fuente de luz natural que no genere contrastes violentos, que suavice o disimule texturas y rasgos distintivos de la piel – como arrugas, cicatrices o lunares – tratemos de encontrar una ventana que mire hacia alguno de los polos del planeta: Norte o Sur. A esta clase de luz se la conoce como luz de Norte, pero indistintamente puede provenir de una ventana que apunte al Norte o al Sur.

La luz de Norte es una luz indirecta, constante, suave y ligeramente azulada que baña la piel sin quemarla, permitiendo que las sombras se deslicen suavemente por las curvas de la columna o las clavículas. Es la luz que usaban los grandes maestros de la pintura, y sigue siendo insuperable para retratar la delicadeza de un cuerpo desnudo.

Para un análisis académico sobre la relación entre el nudismo y el arte en sus distintas formas, te sugiero leer el artículo Vello púbico y nudismo: la batalla de la fotografía por representar el cuerpo desnudo de Annebella Pollen, una historiadora cultural que investiga sobre arte, artesanía, diseño, vestuario y fotografía. Es además autora de varios libros sobre fotografía, nudismo y cultura.

¿Suave o dura?

La luz suave es la que genera degradados, sombras difusas y una amplia escala de grises. La luz dura es todo lo contrario: genera bordes “filosos”, sombras de cortes drásticos y negros/blancos intensos. Ninguna es mejor que la otra; la preferencia por una u otra depende de qué tanto dramatismo o romanticismo intentemos imprimirle a nuestras fotos de desnudos.

La luz de Norte suele ser suave, del mismo modo en que la luz directa que atraviesa una ventana es dura por las mañanas si la ventana mira al Este y por las tardes si mira al Oeste. Ambas se pueden suavizar colocando un difusor —como la sábana blanca de la que hablaba al principio— cubriendo la ventana.

Las horas mágicas

La fotografía de desnudos en exteriores tiene unos cuantos inconvenientes logísticos, pero tiene una enorme ventaja a su favor: la inigualable gama de matices que se obtienen con la luz natural y los filtros —también naturales— como las nubes y la atmósfera terrestre, con sus tonalidades variantes, que le añaden a la luz solar distintas emociones según la hora del día.

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Desnudo artístico con luz natural en exteriores, hora azul, amanecer, tonalidades frías.
En el instante anterior al alba, los desnudos se cubren de texturas marmóreas y el ambiente se vuelve etéreo.

Hay dos horarios mágicos que todo fotógrafo debe conocer si pretende valerse de la luz natural en exteriores: la hora dorada y la hora azul.

La hora dorada ocurre justo antes del ocaso, cuando el cielo está despejado y el sol está tan bajo que parece que pudiera acariciar la piel. La temperatura de color cae hasta los 2000K o 3000K, tiñendo el cuerpo de tonos miel y bronce —en fotos blanco y negro, estos colores no pueden captarse a simple vista, pero la mente del espectador los puede evocar e imaginar si la foto es lo suficientemente expresiva.

La hora azul ese breve lapso que ocurre inmediatamente después de la puesta del sol o justo antes de despuntar el alba. La luz de la hora azul es mística, fría y casi plana. Durante la hora azul —cuya duración es escasa, estimada entre 20 y 40 minutos según la época del año y la ubicación geográfica— los desnudos adquieren una cualidad etérea y un aspecto marmóreo. Es una luz melancólica que requiere una sensibilidad técnica muy depurada para no terminar con una imagen lavada.

El temible mediodía

Muchos fotógrafos poco temerarios te dirán que guardes la cámara a las 12:00. Yo te sugiero lo contrario: aprovecha el mediodía para sacar fotos con una iluminación extremadamente agresiva.

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Fotografía de desnudo artístico blanco y negro en exteriores. Luz dura, luz natural, mediodía.
La luz solar al mediodía puede ser extremadamente dura y agresiva con sus contrastes. Pero es ideal para el desnudo minimalista, generando sombras definidas y composiciones casi abstractas.

El sol de mediodía es una luz dura y cenital que, si se sabe dominar, permite crear composiciones casi abstractas. Las sombras se vuelven gráficas, recortando el cuerpo como si fuera un cartón troquelado. No es para todos los estilos, pero para el desnudo minimalista, es una fuente de poder para tener muy en cuenta.

Planifica y vencerás

El éxito en la fotografía de desnudos con luz natural no es cuestión de suerte. En mi libro “Vestir con luz” (el cual publicaré próximamente) aconsejo visitar el lugar donde armaremos nuestro set el día anterior, a la misma hora a la que planeamos hacer las fotos, para que las condiciones de iluminación sean similares. De esa forma podremos tomar mediciones, ensayar ángulos e incluso tomar algunas fotos de prueba. Y, muy importante, tomar tiempos y anotar horarios —con precisión de horas y minutos— para saber cuáles son los momentos exactos para cada toma.

El día previsto para hacer las fotos, debemos acudir al lugar un par de horas antes para preparar todo, de forma tal que, cuando el sol esté en posición y las condiciones ambientales sean las adecuadas, solamente debamos poner al modelo en pose y disparar la cámara.

Este artículo es un breve adelanto de los temas que estoy tratando en mi nuevo libro. Para aprender a dominar la luz y usarla para esculpir la figura humana, ya sea que lo hagas en el living de tu casa o en algún lugar recóndito, mantenete atento al lanzamiento de “Vestir con luz”.

¿Qué clase de luz te gusta más? ¿La indomable luz del sol, con sus infinitos matices y caprichos, o una luz de estudio que puedas manipular a tu antojo? Te leo en los comentarios.

Fotógrafa, escritora, podcaster, madre, ingenua, soñadora, idealista...

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