Trampantojo de lencería con body paint
Recuerdos,  Sensaciones

Recién Pintada

Las cosas que suceden en los sueños no tienen explicación. Tal cosa como estar en dos lugares a la vez, o al menos, estar en uno y presenciar de algún modo lo que sucede en otro. Yo, sentado con mi laptop en la terraza, escribiendo alguna historia, amparado por la oscuridad de la noche. Y tú, en otro lugar, sometida a una sesión intensa de pintura sobre la piel desnuda, cubriendo tu desnudez con una lencería íntima negra totalmente simulada.

Cuando finalizó la sesión de fotos, no fuiste a quitarte la pintura; simplemente dijiste que te ibas, y que tenías algo que hacer. Sin más, desapareciste ante los demás, que se quedaron atónitos, para reaparecer en otro lugar concreto. Y no sé cómo me encuentras siempre, esté donde esté en el mundo onírico.

Escuché una voz a mis espaldas, en la penumbra. Pues aquí era de noche, y me gusta trabajar en la oscuridad, alumbrado únicamente por mi pantalla y mi teclado. Cuando me giré, estabas allí, recién pintada, en todo tu esplendor, tan… hermosa y sexy. Tenías una ligera sonrisa en los labios, y un brillo misterioso en los ojos. Te acercaste caminando despacio pasando por un lado y mirando a tu alrededor… Me ofreciste tu “lado B”, andando hacia el extremo de la terraza; y no pude dejar de mirar tus nalgas desnudas pintadas de negro, moviéndose sinuosamente mientras andabas; tu espalda, tus hombros, y tu pelo oscuro cayendo hacia atrás, libre y suelto. Miraste por los ventanales hacia el balcón y la calle. Estaba oscureciendo y no habían todavía encendido las farolas. Envuelta en un hipnótico halo de misterio, te volteaste para venir hacia mi. Tenías un andar felino, hermosa y salvaje, y recuerdo que ante esa visión de tu cuerpo desnudo, apenas recortado por la luz, la emoción me atenazó la garganta dejándome sin palabras.

Una modelo de pie se mantiene quieta mientras un artista pinta sobre su piel una pieza de lencería simulara en un "trompe l'oeil"

Cuando llegaste a la tumbona que estaba utilizando para escribir, apoyaste las manos sobre los reposabrazos y acercándote a mi rostro me dijiste “Lo que tengas que decirme, decímelo a la cara”.

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