Alorgasmia: ¿cuernos mentales o fantasía inocente?
Alorgasmia es fantasear con otra persona durante una relación sexual. Quizás estamos mirando a los ojos a quien tenemos adelante (o sintiendo a quien tenemos detrás), pero en nuestra mente y en nuestra imaginación hay otra persona ¿Es una infidelidad o un deseo prohibido pensar en otro mientras tenés sexo con tu pareja?
Estás en la cama con tu pareja. Todo va bien, hay excitación, caricias, besos, toqueteo… pero tu mente, que a veces tiene vida propia, decide irse de viaje. De repente, en tu cabeza no está tu pareja. Aparecen Henry Cavill y Paul Mescal (o Margot Robbie, Dua Lipa y Zendaya), emergiendo entre las olas en una playa al atardecer, con sus cuerpos mojados, reluciendo al sol de la tarde… O quizás quien aparece no es una celebridad inalcanzable; aparece un compañero o compañera de trabajo, o alguien que viste en el súper y te flechó con su mirada… y de repente… ¡Oh! Esa sola imagen en tu mente acelera la llegada del orgasmo.
Inmediatamente después, abrís los ojos y te invade la culpa: “¿Soy una mala persona? ¿Esto cuenta como infidelidad?”.

Tranqui. Respirá hondo. Lo que te pasa no está (necesariamente) mal. Tiene nombre científico, se llama alorgasmia, y en este artículo lo voy a sacar a la fuerza del armario de los tabúes.
Tabla de contenidos
¿Qué es la alorgasmia?
Antes que nada, dejame aclararte que la alorgasmia no es una parafilia. Si te interesa saber sobre parafilias, te recomiendo que leas estos artículos:
Aunque suena a enfermedad, la definición es simple: alorgasmia es la capacidad de alcanzar el clímax erótico fantaseando con una persona distinta a la que tenés adelante (o atrás, o encima, o abajo). Básicamente, tu cuerpo está con tu pareja, aquí y ahora, pero tu mente está mirando una película diferente.
¿Debo preocuparme o es algo normal?
Si tenés alorgasmia, primero que nada, no te preocupes. Es algo re común, sabelo. La mayoría de los seres humanos lo hemos hecho alguna vez. El cerebro es nuestro órgano sexual más potente y, a veces, necesita una ayudita de estimulación para cruzar la meta. Si tu imaginación funciona bien, va a ser inevitable que te pase. Así que, primero que nada, relajá.
¿Es infidelidad?
A nuestra conciencia le gusta torturarnos con preguntas como esa. Para tranquilizarla, dale la respuesta corta de los sexólogos: no es infidelidad. La definición de infidelidad dice que, para cometerla, debemos romper un acuerdo. Si yo acuerdo con mi pareja que, mientras estemos juntos, no voy a estar físicamente con otras personas ni voy a tener sentimientos por otras personas, entonces, si sólo imagino que estoy teniendo sexo con otra persona pero no lo hago realmente, no estoy siendo infiel.
La alorgasmia ocurre en la privacidad de tu cerebro. Nadie está “tocando” a nadie. Es una fantasía, no un hecho. Tus pensamientos son tu espacio privado y seguro. No vas a ir a la cárcel por soñar que robás un banco.
Alorgasmia voluntaria versus alorgasmia involuntaria
Es involuntaria cuando la mente dispara – sin pedirnos permiso – esa imagen que nos da el último empujón para caer al abismo del orgasmo. Y es voluntaria cuando, a propósito, cerramos los ojos para buscar en esa carpeta escondida en nuestra mente donde guardamos las fotos y videos prohibidos.

Con la alorgasmia involuntaria no hay nada que hacer más que disfrutarla. Si te ocurre con mucha frecuencia, sentite bendecido/a por tener una imaginación activa. Y si es voluntaria, no pienses que está mal usarla a propósito para excitarte. Pero no estaría de más que te preguntes por qué la usás.
Permitime contarte mi historia
Yo estuve en una relación de convivencia por un cierto tiempo. En un punto de esa relación, noté que tardaba cada vez más en llegar al orgasmo, y en ocasiones, simplemente no llegaba y me daba por vencida. Un día descubrí que, si en los encuentros sexuales con mi pareja, me imaginaba a mí misma con otra persona, la llegada del orgasmo se aceleraba.
El recurso de la alorgasmia voluntaria se volvió casi una necesidad. Yo me decía que no tenía nada de malo usar mi imaginación para excitarme. Pero lo que no quería ver era que la usaba para tapar una falencia en mi relación. Hasta que llegué al punto en que directamente no lograba excitación alguna sin cerrar los ojos y forzarme a imaginar.
En una situación semejante, se vuelve imprescindible preguntarnos por qué, o en qué momento, se perdió la capacidad de lograr la excitación con quien mantenemos una relación. Lo ideal sería poder hablarlo con la pareja y, entre ambos, encontrar la respuesta a esas preguntas.
¿Cómo averiguar si es un problema?
¿Te gusta el vino? Si tomás un vaso de vez en cuando, en ocasiones especiales, está todo bien. Y hasta es sano. Pero si el vino se vuelve una necesidad para sentirte bien, es un vicio. Con la alorgasmia pasa lo mismo. Si llegás al punto de necesitarla para excitarte, de tener que escaparte de la realidad que te rodea para encontrar algún estímulo erótico en tu imaginación, tu capacidad de tener relaciones íntimas con otra persona puede verse afectada negativamente.

Si llegaste a ese punto, tenés que plantearte la posibilidad de que la alorgasmia sea un síntoma de otra cosa. En mi caso, era síntoma de que mi relación de pareja no estaba funcionando. Pero también puede haber una causa psicológica. En todo caso, lo mejor que se puede hacer es hablarlo. Preferiblemente, con la propia pareja.
Pero si no se puede (a veces comunicarse con la pareja no es algo tan sencillo), hay que buscar un confidente, alguien con quien se pueda hablar con total confianza, o directamente hablar con un terapeuta, si la situación se vuelve crítica. Pero ante todo, no te tortures, porque lo más probable es que no sea nada grave. Si te sirve, entrá al Patreon de Letras Ardientes y charlémoslo en privado.
¿Qué opinás de todo esto? ¿Tenés anorgasmia con frecuencia? ¿Es voluntaria o involuntaria? Contámelo todo en los comentarios.


